Uno de los primeros mandatos de Jesús a sus discípulos fue el de pescar hombres (Mateo 4:18-20); el último fue “hacer discípulos”.
Jesús plasmó, con su obediencia a estos mandatos, un cuadro difícil de perder de vista a sus seguidores más fieles.
¿Qué diseñó Dios para preparar a su Iglesia para estas tareas? En Efesios 4:11-12 dice: Él constituyó a… para capacitar a los santos [miembros] para edificar el Cuerpo de Cristo.
En 2 Timoteo 2:2 Pablo expresa cómo esta cadena de entrenamiento se desarrollaría de manera natural entre aquellos que la asumieran con responsabilidad: Lo que has oído de mí, esto enseña a hombres fieles que sean capaces de enseñar también a otros. Los que están listos para enseñar deben dedicarse a preparar a otros para predicar y discipular.
Toda congregación cuenta con personas capacitadas para enseñar a otros a predicar y discipular, y si no las tiene debe invertir para tenerlas, ya que ellas son las que pueden iniciar una cadena de entrenamiento en estas áreas que permita a toda la iglesia involucrarse en estas tareas.
La promesa en Hechos 1:8 es que recibiríamos “poder y seríamos testigos”. A los que prepararan y a los que se preparan para estas tareas debemos rodearlos de personas deseosas de involucrarse en la oración. Toda la obra de Dios descansa en la oración.
Jesús oraba a diario antes de salir a evangelizar (Marcos 1:14-35). Los primeros cristianos oraban por valor para predicar (Hechos 4:31). Oramos para que Dios abra puertas dónde predicar (Colosenses 4:2-3). Oramos para que Dios nos dé palabras cuando prediquemos (Efesios 6:18-19). Oramos para que Dios mande personas que quieran trabajar en su obra (Mateo 9:37-38). Pedimos que Dios nos dé los lugares dónde estamos trabajando. Él quiere darnos, pero nos dice que se lo pidamos en oración (Salmos 2:8).
Hay un lugar privilegiado para aquellos que en la iglesia se dedican a orar por la obra de Dios de manera intensa, seria y perseverante.
Ahora TODOS estamos en condiciones de buscar a quién predicarle. Ahora TODOS: los que preparan, los que reciben preparación y los que oran nos unimos para ir a buscar regularmente a los perdidos.
Cuando se producen LAS CONVERSIONES entramos en una segunda etapa. Ahora la iglesia realiza el trabajo de CONTENCIÓN DE LOS NUEVOS CONVERTIDOS a través de los discipulados personales (uno a uno en los hogares de los nuevos convertidos) y de las células que reciben a los nuevos convertidos como nuevos integrantes de la familia. La iglesia toda, a través de las reuniones, da la bienvenida a las nuevas personas.
Llegamos al tiempo de los bautismos e ingreso de miembros. Esto produce el crecimiento de la iglesia en las diferentes colonias donde trabajamos, y nos permite estar en obediencia a la orden de Jesús en Hechos 1:8 de ser testigos en nuestra colonia, en otras y hasta lo último de la Tierra a través de nuestras ofrendas misioneras.
¿Qué logramos al trabajar de esta manera?
1. Mostrar que amamos a Dios. Él dijo que los que lo aman lo obedecen (Juan 14:21).
2. Tomar decisiones sabias para nuestra vida (Proverbios 11:30).
3. Descubrir que comprendimos y aceptamos el propósito de Dios para nuestra vida (Daniel 12:2-3).
4. Que somos para alabanza de su gloria (Efesios 1:12).
¿Cuál es nuestro lugar en la obra de Dios? ¿Estamos preparando a otros? ¿Seremos de los que se preparen? ¿Seremos de los que oran? ¿Seremos quienes consiguen los contactos? ¿Seremos quienes discipulan personalmente o abren su hogar para que una célula reciba a los nuevos cristianos?
Oremos para que Dios nos guíe en esta decisión y podamos involucrarnos cuanto antes en la obra de Dios y así ser parte de lo que Él hará en este año.
Empecemos cuanto antes.
Tito Robert es pastor de la Iglesia Bautista Comunitaria, en Argentina, congregación con claro enfoque misionero.
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