Andrew Beaujon, en su libro Body piercing saved my life: Inside the phenomenon of christian rock (El piercing salvó mi vida: adentrándonos en el fenómeno del rock cristiano), trata varios aspectos interesantes acerca del mundo de la música y la espiritualidad cristiana.
El piercing del que habla Beaujon es un lema que vio en una camiseta cristiana: el piercing radical es el de Cristo, que dejó traspasar sus manos, pies y costado por amor a los hombres y mujeres de todos los tiempos.
No se trata sólo de bandas de rock: ministerios de evangelización de skaters, de surfistas, defensores de tatuajes cristianos, parques de paintball, cafés, clubes nocturnos… todo va orientado a la línea de que los jóvenes cristianos organicen sus propias comunidades en clave cristiana, apartados del “mainstream” sin renunciar a nada que sea gozoso, pero rechazando lo que sea causa de pecado. Con mensajes provida, profamilia, a favor del sexo reservado para el matrimonio, la música cristiana es lo más contracultural en una sociedad del todo se vale.
El mayor valor de este libro es que Beaujon ni fue ni es cristiano. Por eso es de agradecer su análisis sincero y valiente: apunta que muchos colegas cubren la cultura cristiana evangélica de forma ignorante, o peor aún, injusta.
Es fácil caer en los tópicos, en lo superficial, en lo banal, en lo “moderno”. Lo vivimos a menudo en la información que del Cristianismo evangélico sale publicado.
Mi columna trata de ser autocrítica sin ser masoquista, de manera que no se convierta en una propaganda ciega e interesada. Proclamo a Jesús, no a una iglesia o religión.
También intento no exagerar los términos ni las cifras. Me ciño a los hechos y al mínimo de interpretación de los mismos para evitar ser un teletexto tipo loro. Aunque esa defensa me perjudique (o me beneficie).
Lucho, finalmente, por usar un lenguaje que me haga entendible, que convierta el “factor fe” en comunicable.
Por todo eso, sería deseable que a la inversa ocurriese lo mismo. Periodistas no cristianos que quieran entendernos, no criticarnos. Que deseen comunicarse, no aplicarnos tópicos. Que no se queden con el simple lenguaje de las formas, sino que intenten la comunicación real de ideas y sentimientos.
Necesitamos muchos Andrew Beaujon, al menos algunos, para que no se nos presente como una caricatura deforme.
También necsitamos entender a la sociedad actual, a los jóvenes especialmente, para ser transgresores, inconformistas, luchadores, y antisistemas en su justa medida; y así poder decirles -y que nos entiendan- que somos testigos de que fue un piercing muy especial el que nos salvó la vida y el que también puede salvárselas a ellos.
¿Quizás “tatuando” a Jesús en su corazón?
Pedro Tarquis es director de Protestante Digital.
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