Muchos llegamos al Señor llenos de problemas; entre ellos estaba el problema económico. Según las estadísticas, la carencia económica es la tercera causa por la cual las familias de desintegran en nuestro país.
Algunos esperan impacientemente que algo suceda en relación a mejorar sus ingresos, y dicen: “¿Cuándo, Señor? ¿Cuándo me toca a mí?”. Esto se agudiza cuando vemos a nuestro alrededor personas que ni siquiera conocen a Dios, hacen lo que quieren con sus vidas, y aparentemente les va bien y prosperan. Otros se atreven a decir que desde que conocen al Señor les va cada vez peor.
Quiero enfatizar que el deseo de Dios es que prosperemos: Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma (3 Juan 2).
Esto requiere de un proceso. Dios no dará todo lo material a alguien que no lo sabe usar correctamente, y mucho menos a alguien que lo desperdicie y atente contra su misma vida y la de los que le rodean. Seguro que eso no pasará, aunque vemos el ejemplo del hijo pródigo, donde el padre le dio la parte de los bienes que le correspondían, pero por no estar preparado para administrarlos, los desperdició viviendo perdidamente hasta gastarlo todo: También dijo: Un hombre tenía dos hijos; y el menor de ellos dijo a su padre: Padre, dame la parte de los bienes que me corresponde; y les repartió los bienes. No muchos días después, juntándolo todo el hijo menor, se fue lejos a una provincia apartada; y allí desperdició sus bienes viviendo perdidamente. Y cuando todo lo hubo malgastado, vino una gran hambre en aquella provincia, y comenzó a faltarle. Y fue y se arrimó a uno de los ciudadanos de aquella tierra, el cual le envió a su hacienda para que apacentase cerdos. Y deseaba llenar su vientre de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba. Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre! Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el Cielo y contra ti. Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros. Y levantándose, vino a su padre. Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó (Lucas 15:11-20).
Por eso, el Señor quiere que alcancemos la capacidad para administrar, pero eso sucederá a medida que nuestra alma prospere también. En el alma están la mente (o memoria), las emociones y la voluntad. Estas tres partes, si no son tocadas y ordenadas por Dios, no alcanzaremos la capacidad para usar correctamente lo que Dios nos da. La prosperidad del alma esta íntimamente ligada al deseo que tenemos para que la Palabra nos instruya, la obedezcamos y la amemos. No es otra cosa que la frecuencia con la que nos exponemos a la transformación de la Palabra. Una persona que sólo se conforma con una reunión a la semana tendrá una prosperidad muy lenta; sin embargo, alguien expuesto diariamente verá un avance veloz.
Lo anterior produce un deseo que nos involucra en los negocios de Dios, con las almas, en el servicio, en el dar, en compartir, etc. Todo esto conduce a que Dios no se quede con las manos cruzadas y accione a nuestro favor; así lo dice: Riquezas, honra y vida Son la remuneración de la humildad y del temor de Jehová (Proverbios 22:4). Dios paga bien a los que son obedientes a su voz humildemente.
Riquezas. Abundancia de bienes y cosas preciosas. Abundancia de cualidades o atributos excelentes. Abundancia relativa de cualquier cosa.
Honra. Estima y respeto de la dignidad propia. Buena opinión y fama, adquirida por la virtud y el mérito. Demostración de aprecio que se hace de alguien por su virtud y mérito.
Vida. Todos somos padres o hijos. Como padres sabemos que cuando alguno de nuestros hijos se destaca por hacer las cosas bien en alguna área de su vida, será premiado, o al menos, elogiado. Como hijos buscamos agradar a nuestro padre para alcanzar ese incentivo. Esta naturaleza de padre es la misma que Dios tiene ya establecida en la Palabra. Si obedecemos, no falla; alcanzaremos los incentivos correspondientes, aunque nuestro objetivo no sean las cosas materiales. A medida que nos compenetramos en su Palabra, nuestro interés va cambiando, y la prioridad se vuelve hacia su Reino, y no sólo hacia nuestra satisfacción material: Mas buscad primeramente el Reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas (Mateo 6:33).
Entonces, ¿cuál será nuestra prioridad en este año que inicia? Recomiendo lo siguiente:
1. Llevemos la presencia de Dios a nuestra casa; seremos bendecidos: De modo que David no quiso traer para sí el arca de Jehová a la ciudad de David; y la hizo llevar David a casa de Obed-edom geteo. Y estuvo el arca de Jehová en casa de Obed-edom geteo tres meses; y bendijo Jehová a Obed-edom y a toda su casa. Fue dado aviso al rey David, diciendo: Jehová ha bendecido la casa de Obed-edom y todo lo que tiene, a causa del arca de Dios. Entonces David fue, y llevó con alegría el arca de Dios de casa de Obed-edom a la ciudad de David (2 Samuel 6:10-12).
2. Guardemos y pongamos por obra sus mandamientos: Acontecerá que si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios, para guardar y poner por obra todos sus mandamientos que yo te prescribo hoy, también Jehová tu Dios te exaltará sobre todas las naciones de la Tierra. Y vendrán sobre ti todas estas bendiciones, y te alcanzarán, si oyeres la voz de Jehová tu Dios… Jehová te enviará su bendición sobre tus graneros, y sobre todo aquello en que pusieres tu mano; y te bendecirá en la tierra que Jehová tu Dios te da… Y te hará Jehová sobreabundar en bienes, en el fruto de tu vientre, en el fruto de tu bestia, y en el fruto de tu tierra, en el país que Jehová juró a tus padres que te había de dar… Te abrirá Jehová su buen tesoro, el cielo, para enviar la lluvia a tu tierra en su tiempo, y para bendecir toda obra de tus manos. Y prestarás a muchas naciones, y tú no pedirás prestado. Te pondrá Jehová por cabeza, y no por cola; y estarás encima solamente, y no estarás debajo, si obedecieres los mandamientos de Jehová tu Dios, que yo te ordeno hoy, para que los guardes y cumplas (Deuteronomio 28:1-2, 8, 11-13).
3. Deleitémonos en sus mandamientos en gran manera: Bienaventurado el hombre que teme a Jehová, Y en sus mandamientos se deleita en gran manera. Su descendencia será poderosa en la Tierra; La generación de los rectos será bendita. Bienes y riquezas hay en su casa, Y su justicia permanece para siempre. Resplandeció en las tinieblas luz a los rectos; es clemente, misericordioso y justo.El hombre de bien tiene misericordia, y presta; gobierna sus asuntos con juicio… (Salmos 112:1-5).
Me gusta lo que dice la versión Al Día Internacional: Alabado sea el Señor porque todos los que temen a Dios y confían en Él son indescriptiblemente bendecidos. Dichoso el hombre que se deleita en cumplir sus mandamientos; sus hijos recibirán honra por doquier, pues los descendientes de los hombres buenos tienen una herencia especial. El mismo tendrá riqueza, y sus buenas acciones nunca serán olvidadas. Cuando lo cubran las tinieblas, irrumpirá la luz. Él es generoso y misericordioso y todo le sale bien al hombre generoso que conduce honradamente sus asuntos (Salmos 112: 1-5).
4. Cuidémonos de no olvidarnos de Dios: Cuídate de no olvidarte de Jehová tu Dios, para cumplir sus mandamientos, sus decretos y sus estatutos que yo te ordeno hoy; no suceda que comas y te sacies, y edifiques buenas casas en que habites, y tus vacas y tus ovejas se aumenten, y la plata y el oro se te multipliquen, y todo lo que tuvieres se aumente; y se enorgullezca tu corazón, y te olvides de Jehová tu Dios, que te sacó de tierra de Egipto, de casa de servidumbre; que te hizo caminar por un desierto grande y espantoso, lleno de serpientes ardientes, y de escorpiones, y de sed, donde no había agua, y Él te sacó agua de la roca del pedernal; que te sustentó con maná en el desierto, comida que tus padres no habían conocido, afligiéndote y probándote, para a la postre hacerte bien; y digas en tu corazón: Mi poder y la fuerza de mi mano me han traído esta riqueza. Sino acuérdate de Jehová tu Dios, porque Él te da el poder para hacer las riquezas, a fin de confirmar su pacto que juró a tus padres, como en este día (Deuteronomio 8:11).
Si hacemos estas cosas seremos prosperados. Al final del 2007 estoy seguro de que Dios lo habrá realizado contigo; infórmame si así te ha sucedido. Escríbeme a pacoramirez@amistaddepuebla.org.
Que tengas un año extraordinario; son mis deseos.
© 2007. AMÉRICA NUEVA. MÉXICO.