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Manifestaciones y denuncias de judíos ortodoxos contra una marcha gay en Jerusalén
         
 
 

JERUSALÉN, Israel. La comunidad judía ortodoxa de Israel intensificó los esfuerzos contra la Marcha del Orgullo Gay, convocada en la ciudad santa.
Mientras había protestas callejeras durante tres días, una organización religiosa presentó una denuncia contra la manifestación.
El tercer día de protestas, un centenar de judíos observantes se manifestaron contra la Marcha del Orgullo Gay en el barrio de Mea Shearim, habitado, sobre todo, por familias ultraortodoxas.
La protesta acabó con los manifestantes tirando piedras y volcando cubos de la basura.
La protesta tuvo lugar horas después de que fuera descubierta una pintada en una fachada de una sinagoga de Tel Aviv en la que unos desconocidos advertían a los religiosos con estas palabras: “No podrán andar por Tel Aviv si nosotros no podemos marchar por Jerusalén”.
La comunidad homosexual de Israel se concentra, sobre todo, en Tel Aviv, una ciudad secular, moderna y más abierta que Jerusalén.
Portavoces de los colectivos homosexuales de Israel condenaron el acto de vandalismo contra la sinagoga de Tel Aviv, pero Itai Pinkas, concejal gay del ayuntamiento de esa ciudad, expresó dudas respecto a que la pintada de la sinagoga hubiera sido obra de militantes gays.
La celebración de la manifestación pendía de una decisión definitiva de la policía. Además, el ministro de Seguridad Interior israelí, Avi Dichter, advirtió que se podría cancelar la marcha si, debido al peligro de disturbios, se requería la movilización de fuerzas de seguridad que se necesitan para otras tareas.
Este es el motivo por el que la Marcha Internacional del Orgullo Gay se había cancelado varias veces.
Los homosexuales de Jerusalén vienen organizando marchas desde 1999, y la de este año sería la quinta, pero su celebración en una ciudad donde el componente religioso está tan arraigado sigue resultando problemática.
Sin embargo, los organizadores fueron informados de que podrían llevarla a cabo, aunque no de acuerdo al recorrido actual.
Los judíos ortodoxos, mientras tanto, decidieron maldecirla después de acabar aceptando un acto de características más modestas y dentro de un circuito cerrado.
El compromiso lo anunció la Oficina de Prensa del Gobierno, horas antes de la hora prevista para el acto, que finalmente se celebró en el estadio del Campus de Guivat Ram, de la Universidad Hebrea de Jerusalén.
Con ello quedan zanjados tres recursos presentados por grupos ortodoxos ante el Tribunal Supremo, sin que haya sido necesario un fallo judicial.
Poco después del anuncio, rabinos ultraortodoxos empezaron a distribuir octavillas por los barrios jerosolimitanos habitados por su comunidad apelando a sus seguidores a volver a la calma.
En la última semana, jóvenes de la comunidad quemaron unos setecientos contenedores de basuras en una ola de violencia callejera sin precedentes en la ciudad.
Además, destrozaron decenas de faroles y letreros, causando daños por valor de más de un millón de shékels (unos 180,000 euros).
Los disturbios se produjeron también en otras ciudades de Israel, principalmente las que tienen mayoría ortodoxa.
Esta resistencia hacía temer lo peor durante la marcha y la policía había previsto nueve mil agentes para garantizar la seguridad.
La movilización de tantos agentes hubiese sido muy problemática habida cuenta de las amenazas de atentados palestinos tras los bombardeos en Gaza, donde murieron dieciocho civiles.
Finalmente, fueron tres mil los policías que protegieron el acto de la comunidad gay, lesbiana y transexual de Jerusalén.
Para los ortodoxos judíos, que consideran la ciudad un reducto sagrado, el proyecto era una “abominación”.
Según la tradición ortodoxa judía, la homosexualidad está prohibida por orden expresa de Dios en el Levítico (18:22), donde se dice: No te acostarás con un hombre como uno se acuesta con una mujer. Abominación es.
La indignación de los ortodoxos, que suponen alrededor del 30% de los habitantes de la ciudad, es compartida por los líderes musulmanes y cristianos, aunque estos se han mantenido al margen de la ola de disturbios que encabezan los primeros.
Finalmente, a una triste celebración, encerrados en un pequeño estadio universitario, al que acudieron apenas dos mil personas recatadamente vestidas, quedó reducida la Marcha del Orgullo Gay en Jerusalén.
Los ultraortodoxos judíos se impusieron; no estaban dispuestos a que “se manchara la Ciudad Santa” con un desfile de personas que han tratado de “abominación”.
Los disturbios provocados por los extremistas y las amenazas surtieron efecto ante la policía, que recomendó al fiscal general la suspensión de la marcha. Al final, los organizadores aceptaron el emplazamiento aislado.
Isaac, al poco tiempo de comenzar el acto en el Estadio de la Universidad de Ramat Gan, afirmaba: “Yo no sé qué pinto aquí. Nos han colocado en un zoológico. Han ganado los ultras”. “No hay marcha. Nos hemos tragado el orgullo”, asentía su compañero.
Miles prefirieron quedarse en Tel Aviv -otro mundo a sólo sesenta kilómetros de Jerusalén- por miedo a probables altercados. Los hubo.
Unas cuantas decenas de gays y lesbianas, en desacuerdo con la decisión de la ONG organizadora, Casa Abierta, se reunieron para iniciar la partida en el punto inicial del trazado original.
Les esperaban los ultraortodoxos, con sus atuendos negros, y se enzarzaron a golpes. Fueron dispersados a porrazos por la policía y varias decenas de ellos fueron detenidos.
Los colectivos homosexuales declaran no ser excesivamente beligerantes. “No provocamos con ningún tipo de escenificación sexual y recomendamos un atuendo modesto”, añadió Canetti.
Nada se pudo hacer ante la intransigencia religiosa de los extremistas judíos, a los que se sumaron en su petición de prohibir la marcha los líderes religiosos cristianos y musulmanes. Hasta el Papa pidió que se suspendiera la marcha en la “ciudad sagrada”.

Fuente: EFE/AG MAGAZINE/EL PAÍS