Estaba en la espera de que la lluvia parara. Empezó a desvanecerse poco a poco, como despidiendo al sol, pues éste empezaba a meterse y sonrojaba todo alrededor. Después tomó tonos amarillentos y naranjas muy extraños, pero no por eso dejaba de ser muy bello; más aún, favorecía lo verde que está casi por todos lados y lo rojo intenso de las tejas húmedas.
El puesto de los chóferes estaba como siempre: ocupado por ellos mismos esperando inútilmente (por la lluvia) algún pasaje y jugando cartas y dominó. La jovencita nieta de la Sra. Ana estaba atendiendo el puesto de la esquina y algunos jóvenes esperaban bajo el techo de éste a que la lluvia pasara. Creo que el chaparrón sólo era el pretexto para poder estar con la jovencita.
El vendedor de sate (brochetas) preparaba en esta misma estancia unas órdenes de sate de res y de sate (chivo), utilizando un pequeño ventilador instalado estratégicamente en su bicicleta justo arriba del también pequeño asador rectangular (esto para que avivara la flama en el carbón de cáscara de coco para que se asaran mejor y más rápidamente los sates).
No muy lejos, y hacia abajo, se forma un cruce donde dos caminos vienen de arriba. Ahí las aguas que descienden por las calles se encuentran como si fueran ríos, no muy grandes, pero con suficiente fuerza como para arrastrar rocas y tierra. Desde luego llama la atención y da más atractivo a este lugar.
Disfrutaba el caliente café javanés y contemplaba todo esto agradeciendo a Dios, cuando de repente no se hizo esperar “el llamado”, pues era el magrip (última oración que significa “atardecer”), que me hizo que volviera a la realidad de este lugar. La bocina de la mezquita expulsaba con fuerza el sonido que decía en árabe: “Dios es grandioso [repetida cuatro veces]. Testifico que no hay otro digno de adoración que Dios [dos veces]. Testifico que Mahoma es el mensajero de Dios [dos veces]. ¡Venid a orar! [dos veces]. ¡Venid al triunfo! [dos veces]. ¡Dios es Grande! [dos veces]. No hay otro digno de adoración excepto Dios”.
No sé si algunos fueron a hacer su wudu (ablución: la acción de purificarse por medio del agua, según ritos de la religión judaica y mahometana), pues perdí la atención a esto. Entonces volví a recordar a nuestra amiga Titin, que conocimos hace ya más de dos años.
Después de casi un año de no saber de ella nos sorprendió con un mensaje telefónico muy de mañana para ponerse de acuerdo para vernos ese mismo día. Me dio mucho gusto saber de ella nuevamente.
Cuando la vimos, lo primero que notamos mi esposa Ruth y yo era que su estómago estaba grande, a desproporción con su pequeño cuerpo. Su pelo era largo y estaba muy maltratado; su mirada y sonrisa eran un poco diferentes. Por la confianza que nos hemos tenido desde que éramos sus vecinos allá en esa pequeña casa que alquilamos, me atreví a preguntarle directamente: “¿Estás embarazada?”. Sin dudar me respondió rápidamente: “¡No!”.
Durante el día me fui hacer varios pendientes y Ruth se quedó atendiendo a nuestra amiga Titin. Mi esposa también le preguntó sobre esto, pero ella volvió a negarlo, argumentando que no tenía relaciones íntimas con nadie. Pasado un rato Ruth volvió a preguntarle si ya se había “revisado” y dijo que sí, delatándose inocentemente y echando sus manos a la cara.
Creemos que es capaz de hacer lo peor con esa criatura que trae en el vientre. Estamos muy preocupados, pero estoy seguro de que este regreso de ella es por la confianza que nos tiene. Ahora vive sola en un cuarto alquilado y no tiene quien le apoye. Pedimos que nos apoyen en oración para que Dios guarde a Titin de tomar una mala decisión. Estaremos al pendiente de esta muchacha a la cual ya se le compartió del Señor, e incluso llegó a leer la Palabra de Dios en la sala de nuestra casa.
Sabemos que todas las cosas obran para bien para los que temen a Dios, y el tiempo que estuvimos viviendo en ese lugar debido a las circunstancias en ese entonces, abrió la puerta para que conociéramos a Titin y fuera nuestra amiga hasta el día de hoy.
Por otra parte, también nuestra amiga Rini está embarazada, y la inesperada noticia alarmó a su cuñada, que también se acaba de embarazar con el propósito de retener al marido, quien recién regreso de haberla dejado junto con su pequeño hijo Chandra. La molestia de Ayi (la cuñada) fue que, al haber dos embarazadas, los regalos y el apoyo económico serán para repartir entre dos, y no para ella sola. Esto motivó a Rini a intentar abortar, cosa que, gracias a Dios, no sucedió.
Estábamos en el taller de las artesanías y observé a Rini detrás de nosotros (Apep y yo) escuchando la conversación que teníamos. Se levantó, tomó un encendedor y prendió un poco de fuego de los desperdicios de la madera y bambú del taller para calentarse. Después de eso, disimuladamente prendió un cigarrillo y comenzó a fumar como disfrutando el humo que metía a sus pulmones.
Después de ver que lo hacía varias veces no pude aguantar quedarme callado y le dije delante de Apep (su esposo): “¡Qué no estás embarazada!”. Ella me respondió: “Sí” (como diciendo con confusión: “¿Y qué con eso?”). “Pues, ¿por qué estás fumando?”, le argumenté. En eso, Apep intervino y me dijo que ya estaba cansado de decirle, pero que ella era una necia.
Les pedí disculpas a ambos y traté de explicarles cuál era mi inconformidad de lo que yo consideraba obvio. Volví a disculparme dos o tres veces, pues se supone que ya son adultos, y no debe ser necesario llamarles la atención para que cuiden al bebé que están esperando (¡si es que lo esperan!). Después de esto Apep y yo retomamos la conversación que entablábamos y Rini siguió en su lugar, a espaldas de Apep. Ella tomó lo que le quedaba del cigarrillo, aspiró profundamente, y sólo hasta después de haber hecho esto tiró la mitad que quedaba del cigarrillo.
Me decepcionó bastante toda la situación, pero creemos que Dios nos ha puesto en este lugar y tenemos que amar a estas personas. Rini sólo tiene veintitrés años, y hace apenas tres o cuatro meses perdió a su hijo de un mes de nacido (además es madre de un niño de cuatro años de nombre Ali. Titin tiene veintinueve años y Ayi tiene veintidós (su hijo Chandra es un pequeño muy llorón de tres) años.
Necesitamos mucha sabiduría y amor para tratar a estas muchachas embarazadas y a sus esposos. Veo bien la relación con todos ellos, pues a pesar de que en ocasiones manifestamos nuestra inconformidad y hasta los regañamos, gracias a Dios no se ha dañado la relación en ningún sentido; inclusive sigue siendo mejor cada día, al punto en que podemos manifestar nuestras opiniones y darles consejos (lo cual es bastante seguido).
Ramón León es misionero mexicano en Indonesia.
© 2006. RAMÓN LEÓN. INDONESIA.