Artículo
 
 
“¡Y lo mejor está por venir!” El testimonio de un sueño cumplido
         
   
 

Hace más de dos años que había deseado ingresar a ESPANA. Hace tiempo, cuando aún era adolescente, escuché a alguien que dijo: “Ahí se tienen que levantar de madrugada a orar, y les piden que oren en lenguas durante una hora”. Yo pregunté: “¿Dónde?”. “En el instituto bíblico”, me contestaron. Recuerdo haberme entusiasmado con el sueño de algún día poder vivir esta experiencia. “¡Quiero ir a un instituto bíblico!”, pensaba dentro de mí.
Los años pasaron y mi vida siguió su curso. Estudié mi carrera y finalicé. Comencé mi vida laboral y los años continuaron pasando. El deseo de ingresar al instituto bíblico de tiempo completo quedó dormido por un tiempo, hasta que aproximadamente tres años atrás, volví a sentir aquel gusanito de la preparación.
¡Sí, claro! Había asistido a muchos seminarios bíblicos y completado muchos cursos en mi ciudad; sin embargo, había áreas aún indisciplinadas en mi vida. Mi preparación -a mi juicio- seguía siendo muy poca. ¡Necesito mayor preparación!
“¡Los tiempos con Dios suenan muy atractivos!”, pensaba para mis adentros. “Cuando asista al instituto bíblico podré disciplinar esas áreas, y más aún, podré prepararme mejor para servir a mi Dios más eficientemente.
Aunque mi economía personal no ha sido muy fuerte todos estos años, nunca me ha falta algo, pero tenía este anhelo desde hace mucho. “¡Señor, haz conmigo lo que tú quieras! Aún si no puedo asistir al instituto bíblico te serviré con todo mi corazón. Tengo anhelo por servir mejor a los niños, a los jóvenes, a los adultos, ¡quiero servir eficazmente! También tengo el anhelo de poder algún día apoyar tu obra en otros países, pero las puertas no se han abierto”.
En julio asistí al congreso de jóvenes en Puebla; todo fue genial. Las conferencias, los conciertos, los talleres; todo era una atmósfera perfecta para escuchar la voz de Dios. Pasando por las canchas, los edificios y demás áreas de Amistad de Puebla, me imaginaba a mí misma viviendo aquí, estudiando en ESPANA, el instituto bíblico de la congregación. ¡Lo anhelaba en mi corazón!
Los días pasaban. El congreso de jóvenes llegó a su fin. La última conferencia de Marco Barrientos fue sobre nuestra preparación; sus palabras trastornaron mi corazón al decir: “¿Cuándo vas a tomar tus propias decisiones y te vas a preparar para servir a Dios? ¿Esperas que tus papás te den permiso y dinero? Toma decisiones de adulto. ¡Es que no tengo dinero! ¡Pues trabaja, ahorra! Pero prepárate. Si Dios te está llamando, hazlo! ¿O piensas que Dios no tiene el poder para suplirte y que en un mes estés ingresando a tu habitación en el instituto bíblico? Solamente toma la decisión y hazlo como adulto. Necesitas ingresar a un instituto bíblico donde corra el Río de Dios y ESPANA es una buena opción. Sin embargo, tú toma tus decisiones”.
Soy una mujer adulta desde hace algunos años, ¡pero en estos momentos mi economía no es lo suficiente como para sustentarme en Puebla! “¡Señor, sí quiero!”.
Al preguntar los precios del semestre me parecieron razonables. Mi emoción aumentaba; pero, ¿he de dejar mi trabajo? “¡Ya quiero moverme hacia tu dirección Señor, estoy dispuesta a irme a donde tú quieras! Es el tiempo de la transición. ¡Cristo, si es tu voluntad para mi vida, muéveme!”.
Regresé a mi ciudad. No estaba segura todavía de que fuera el tiempo; no obstante, seguí orando, anhelando. Firmé mi contrato para mi próximo año dando clases en la secundaria cristiana. No hay maestros cristianos de inglés, y es una de las áreas más solicitadas en los colegios cristianos. “Señor, si es mi tiempo, que revoquen mi contrato sin problema”.
Mi familia estuvo de acuerdo en mi decisión. Mis pastores estuvieron de acuerdo. También mi contrato fue revocado sin cuestionamientos de ningún tipo. El dinero comenzó a completarse. Me puse a trabajar durante el tiempo que me restaba y ahorré cuanto pude. ¡Ya tenía todo, o casi todo. Sólo faltaba que me aceptaran en el instituto bíblico. Llamé para preguntar qué debía hacer para ingresar, y me enviaron los formatos de admisión. Sólo tenía llenos la mitad de los formatos… los envié. ¡Me llamaron antes de que la semana se completara para darme la noticia de que me habían aceptado!
Aquí estoy hoy. Mi corazón está lleno de su gozo por la victoria de Dios y de su amor. No tengo palabras para decir cuánto he aprendido en este tiempo. Los maestros tienen un corazón de padres, de mentores; corazones de amor por los que hoy estamos aquí. Los consejeros que nos han asignado buscan nuestro bien y nos guían para ser sanados y liberados en las áreas que necesitamos. ¡Mi consejera me bendice tanto! ¡Cuánta sanidad hay en mi vida! ¡Cuánta libertad ha llegado a mi ser! ¡Mi corazón rebosa palabra buena y mi Dios es fiel, lo compruebo día a día!
La disciplina es buena, es sana, es para que participemos de su santidad. Su sabiduría y su revelación en el conocimiento de Cristo es lo más hermoso que he vivido. Lo tengo en mí, lo conozco cada día más. Su paz sobre mí es abundante. ¡Ah Señor Jesús, qué tiempos más hermosos estoy viviendo!
¡Conocerte a Ti a través de las Escrituras, esto es lo que Tú buscabas que yo viviera! ¡Te estás revelando a mi ser! ¡Hay mayor revelación de Cristo, mayor revelación día a día!
¡Y lo mejor está por venir!
Si este anhelo está en tu corazón ponlo ante nuestro amado Dios y espera en Él. ¡Y Él hará!
Cuando estés aquí en ESPANA concéntrate en buscar a Dios, en aprender, no te distraigas con nada ni con nadie, sino avanza en el conocimiento de Cristo. Sé fiel en lo poco, y Dios te dará lo mucho para levantar su Reino.

Naara Lizbeth González Oloarte
Alumna de primer semestre