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Las cinco vestiduras
         
 
 

Cuando la Biblia habla de vestiduras, está hablando de carácter. Fuerza y honor son su vestidura, y se ríe de lo por venir (Proverbios 31:25).
1. La vestidura de los sueños. Esta es la historia de la familia de Jacob: José tenía diecisiete años y apacentaba las ovejas con sus hermanos; el joven estaba con los hijos de Bilha y con los hijos de Zilpa, mujeres de su padre; e informaba José a su padre de la mala fama de ellos. Israel amaba a José más que a todos sus hijos, porque lo había tenido en su vejez; y le hizo una túnica de diversos colores (Génesis 37:2-3).
Su papá le hizo una vestidura de lo que veía en él y de lo que veía para él en el futuro. ¡Dios nos ha dado un tiempo de sueños! Cosas que parecen imposibles, pero que irán sucediendo con el paso del tiempo. Nosotros debemos mirar al futuro creyendo que es posible. Tuvo José un sueño y lo contó a sus hermanos, y ellos llegaron a aborrecerlo más todavía (Génesis 37:5).
Sin embargo, José contó su sueño sin gestarlo; sin esperar el tiempo del proceso. ¡Soñó dos sueños en total y los contó a sus hermanos! El sueño no era malo, pero José hablaba con orgullo. Él era inmaduro y no lo gestó, no lo guardó, sino que lo soltó. No fue prudente, sino que lo dijo y provocó la envidia de sus hermanos. Cuando hablamos antes de tiempo traemos humillación a otros, y les decimos inconscientemente: “Tú no harás nada”, y los lastimamos. Por el contrario, cuando David recibió el sueño de ser Rey, no lo dijo, sino que lo guardó. Hay un tiempo en que Dios mismo anunciará nuestros sueños.
2. La vestidura de siervo. José aprendió a someterse, a obedecer. Él antes tenía siervos, pero ahora aprendió a ser uno de ellos. No se quejó ni le reclamó a Dios lo que le estaba pasando, sino que aprendió todo el proceso del servicio. Necesitamos desarrollar el corazón de siervo. No podemos estar sobre autoridad si no estamos bajo autoridad. Necesitamos tener a quién rendirle cuentas. Así es como Dios lima el carácter.
Entonces ella lo asió por la ropa, diciendo: Duerme conmigo. Pero él, dejando su ropa en las manos de ella, huyó y salió (Génesis 39:10-18).
Esta mujer le quitó la segunda vestidura: le quitó la dignidad y la honra.
3. La vestidura de preso. Al oír el amo de José las palabras de su mujer, que decía: “Así me ha tratado tu siervo”, se encendió su furor. Tomó su amo a José y lo puso en la cárcel, donde estaban los presos del rey; y allí lo mantuvo (Génesis 39:19-20).
Es la vestidura de puertas cerradas, de la Soledad, porque en la cárcel se vive una profunda soledad. Es un tiempo donde las personas hablan mal de nosotros, nadie nos invita a sus congregaciones, nos dejan en soledad. Los mejores amigos nos dan la espalda y creen lo que no es. José podía sentir que había perdido todo y no se defendió. Se gozó en hacer en la cárcel lo que tenía que hacer.
4. La vestidura de las oportunidades. Aconteció, pasados dos años, que el faraón tuvo un sueño. Le parecía que estaba junto al río, Entonces el faraón envió a llamar a José; lo sacaron apresuradamente de la cárcel, se afeitó, mudó sus vestidos y vino ante el faraón. El faraón dijo a José: “Yo he tenido un sueño, y no hay quien lo interprete; pero he oído decir de ti que oyes sueños para interpretarlos”. Respondió José al faraón: “No está en mí; Dios será el que dé respuesta propicia al faraón” (Génesis 41:1-16).
Dios le recordó al copero acerca de José, quien pasó la prueba, porque respondió: “No está en mí”. José era ya otro y estaba listo para cumplir con el propósito que Dios le había encomendado. La demora no está en Dios, sino está en nosotros. ¿Cuál es nuestra actitud?
5. La vestidura de la honra, la auotoridad y las plumas de ganso. Es a la que Dios nos quiere llevar. Esta es la vestidura ideal.
El asunto pareció bien al faraón y a sus siervos, y dijo el faraón a sus siervos: “¿Acaso hallaremos a otro hombre como este, en quien esté el espíritu de Dios?” (Génesis 41:37-38).
Por donde caminemos debemos proyectar a Dios, no por fingimiento, sino porque Él está en nosotros. El Faraón dijo: “¿A quién pondré en el gobierno?”. Sólo a alguien en quien el Espíritu de Dios esté con Él.
Entonces el faraón se quitó el anillo de su mano y lo puso en la mano de José; lo hizo vestir de ropas de lino finísimo y puso un collar de oro en su cuello. Lo hizo subir en su segundo carro, y pregonaban delante de él: “¡Doblad la rodilla!”. Así quedó José sobre toda la tierra de Egipto (Génesis 41:42-43).
¡Puede que otros, en quienes confiaste, te quitaron la honra, pero hoy Dios te la da otra vez! Es la vestidura de la autoridad, la que nos llega cuando no pisoteamos, lastimamos, abusamos ni pisamos a otro que está bajo nuestra autoridad. Cuando tomamos autoridad sin estar listos, aunque Dios lo haya dado, nos volvemos Faraones que herimos a las ovejas y las dañamos. En la quinta vestidura ejercemos la autoridad con humildad y mansedumbre como Cristo la ejerció. ¡En esta vestidura entendemos por qué tuvimos que pasar por todo eso! Aquí entendemos que fue Dios quien tenía un plan y un propósito.

Comentario personal: Finalmente puedo concluir que había pecado en la vida de José, mas Dios conocía que el orgullo de su corazón era por la falta de madurez en su vida. Dios sabía exactamente lo que José necesitaba para ser formado y resultar útil para los propósitos divinos por los cuales estaba en esta tierra. Esto mismo lo viví yo y no reaccioné en el tiempo oportuno de la manera correcta.
José supo esperar, aunque por momentos mostró su falta de preparación para ser levantado por Dios. Sé que Dios me está preparando y cada cosa que he vivido tiene propósito, porque soy su hija.
Todo lo que vivo, y lo que he vivido, tiene propósito divino; Él quiere formarme a su imagen. Quiere que ante cualquier circunstancia yo reaccione correctamente con humildad, con mansedumbre, con dominio propio, gozo, paz, etc. ¡Ya con eso tengo para vivir todos los días de mi vida! ¡Espero conocer tus comentarios de lo que Dios te habló!

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