Se levanta el telón; el teatro está lleno. Todos los allí presentes están pendientes de ti; tú estás solo frente a ellos. Tienes aprendido el papel por interpretar y lo has repetido una y otra vez en los diferentes ensayos, pero llegado este momento todos los miedos se unen azotándote con un frío ramalazo de realidad.
Respiras hondo, cierras los ojos y dejas que tu voz brote de manera sorprendente, abandonándote y llegando hasta los oidores que la aguardan. ¡Adelante, haz que todos queden boquiabiertos! Es tu momento, aprovéchalo e interpreta el guión lo mejor que puedas.
Interpretar un papel, representar una obra en la que cada actor, actriz, se viste con ropas prestadas para introducirse de forma fugaz en una piel que no es la suya.
Lo que más me gusta de la interpretación es esa capacidad de vivir de forma momentánea otras vidas, fingir aquello que no sientes, que no has experimentado y hacerlo tan tuyo que otros puedan creerlo.
En este gran teatro que es el mundo tenemos un papel que representar, un guión que se nos ha dado y el cual hemos de declamar como mejor sepamos.
Somos los representantes del amor de Dios; bajo nuestra responsabilidad está realizar un buen papel o hacer que Dios se avergüence de nuestra escenificación.
Verter palabras con gran carga de amor es un arduo ejercicio, una labor costosa cuando ante nosotros encontramos reacios oidores. Este hecho no debe mermar el ímpetu con el cual presentarnos ante un público hostil y pronunciar nuestro diálogo.
Hemos de hacerlo siempre con la expresión más bruñida, con el corazón y la mente en una misma sintonía, convencidos de que lo que decimos es la evidencia de una vida transformada.
Dios no es un producto que tengamos que vender ni somos ociosos vendedores dispuestos a convencer a un presunto comprador.
Dios es tan grande que los vocablos para describirlos son inefables. Por ello, súbete al escenario y muestra con tus actos la grandeza que hay en ti. Tu vida cristiana será un testimonio más que suficiente para que muchos abandonen la oscuridad y acudan a la luz.
Yolanda Tamayo es colaboradora de la revista Ventana Abierta de Asamblea Cristiana.
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