Primero de diciembre de 2006: UN NUEVO COMIENZO. Durante los próximos seis años seremos gobernados por el Lic. Felipe Calderón Hinojosa, Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos.
Los comienzos siempre traen esperanza y grandes expectativas; este caso no es la excepción. Aunque durante la presente administración se dieron algunos cambios, no fueron suficientes.
Durante todo el sexenio los partidos políticos y sus integrantes se dedicaron a pelearse entre sí, importándoles muy poco el país y las consecuencias que sus actos acarrearon.
Si bien México se mantuvo con una economía estable, no así sucedió en el ámbito social, ya que durante todos los seis años no hemos visto más que protestas, manifestaciones, machetes, toma de calles, violencia y anarquía; pero sobre todo, una total falta de respeto y desprecio a las leyes de nuestro país y a las personas que las representan.
Con el pretexto de mantener un estado de derecho y de paz, nuestras autoridades nunca aplicaron la ley, que fue violada flagrantemente por todo tipo de personas, desde políticos encumbrados, pasando por narcotraficantes y campesinos, hasta líderes charros y caudillos de segunda, que hasta la fecha mantienen al país en jaque, perjudicando de una manera tremenda lo más importante de esta nación: su gente.
La Palabra de Dios menciona algo que es tremendo, pero que es una realidad ineludible para todos aquellos que han sido puestos en lugares de eminencia y que para gobernar tienen que obedecer la obligación básica y primordial de cumplir y hacer cumplir las leyes que emanan de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. La Escritura nos menciona lo siguiente: Por cuanto no se ejecuta luego sentencia sobre la mala obra, el corazón de los hijos de los hombres está en ellos dispuesto para hacer el mal (Eclesiastés 8:11). Por cuanto nunca se ejerció sentencia sobre las malas obras que desde un principio se presentaron en nuestra nación, el corazón de la gente, al ver que no se hacía nada al respecto, se dispuso a hacer el mal y lo consiguieron. Esto que nos menciona la Palabra de Dios es una realidad cuando no se aplica la justicia y se castiga al agresor en las sociedades como la nuestra. Pudimos ver desde el desprecio al gobierno en general, a las leyes y a la investidura presidencial, pasando por todo tipo de actos de barbarie reprobables en todos los casos.
Sin embargo, en medio de todo esto sí hay una esperanza. Los cristianos evangélicos en nuestra nación, a pesar de todas las cosas mencionadas, nos hemos mantenido firmes en el anuncio de las buenas nuevas del Evangelio, y “curiosamente”, como mencionan algunos, en estos últimos seis años, hemos crecido en número en un 52%, llegando a ser en este momento la fuerza espiritual más importante que sostiene a esta nación mexicana.
En la actualidad, los cristianos evangélicos profesantes que se reúnen cada semana superan en mucho a las personas de cualquier otra religión que también se reúnen cada semana en nuestra nación.
Su gestión no será fácil, Señor Presidente Felipe Calderón, pero queremos decirle que los cristianos estaremos orando por usted y respaldándolo ante cualquier decisión de poner orden para respetar la leyes establecidas en nuestra Constitución, mientras seguimos esparciendo la semilla de la Palabra de Dios, traducida en principios, valores, ética y moral, como absolutos universales que Dios nos ha legado para vivir en esta nación en una genuina paz, procurando con esto el establecimiento del Reino de Dios en nuestra sociedad, el cual no consiste en cosas materiales, sino en justicia, paz y gozo.