Coca Cola, Disney, Nike, BMW, Porsche, Mercedes-Benz, Adidas, Rolls-Royce, Calvin Klein y Rolex. Esas son las diez marcas comerciales más reconocidas del planeta, de acuerdo con un estudio realizado por Young & Rubicam, una de las principales agencias de publicidad del mundo.
Las marcas constituyen la nueva religión. Las personas se vuelcan a ellas en busca de sentido.
Fitch, una empresa consultora londinense de diseño, el año pasado realzó el carácter “divino” de esas marcas famosas, señalando que, los domingos, las personas prefieren el shopping a la misa o el culto. A favor de su tesis, la empresa mencionó dos ejemplos: desde 1991, cerca de doce mil personas celebraron matrimonios en los parques de Disney World, y se están convirtiendo en moda los féretros marca Harley, en los cuales son enterrados los motociclistas adictos a los productos Harley-Davidson.
El pecado original de esta nueva “religión” es que, al contrario de las tradicionales, no es altruista, es egoísta; no favorece a la solidaridad, pero sí la competitividad. Lo peor: hace como si fuera el paraíso en la Tierra y manda al consumidor a la eternidad completamente desprovisto de todos los bienes que acumuló en la vida.
Fuente: ALAI