La necesidad de proteínas de la población mundial ha llevado ya a una cuarta parte de las seiscientas especies marinas más consumidas al límite de su supervivencia: un 17% están sobreexplotadas y un 7% agotadas, según el último informe sobre pesca de la Organización para la Agricultura y la Alimentación de las Naciones Unidas (FAO). Las granjas piscícolas producen casi la mitad del pescado que se consume en el mundo.
Los avances tecnológicos no aumentan el volumen de capturas, que está atascado en unos 95 millones de toneladas al año desde los noventas. El 43% de los peces que se consumen proceden de la acuicultura.
Sólo un 3% de las seiscientas especies más consumidas se encuentra escasamente explotado, en la mayoría de los casos porque se trata de animales que se han incorporado tarde a la dieta.
El problema es que la demanda sigue en aumento, lo que ha llevado a las flotas pesqueras a buscar nuevos caladeros y a reforzar su capacidad tecnológica (sistemas de detección de bancos, capturas a mayor profundidad). Sin embargo, esta sobreexplotación ha llevado a muchas de las especies más comunes al límite.
Cada año se pescan unos noventa y cinco millones de toneladas, de los que el 60% se destina al consumo humano. El resto acaba también en la cadena alimenticia, bien en forma de harinas de pescado para engordar a las especies de las granjas piscícolas (atunes, rodaballos, doradas, salmón, mero o besugo, entre las más demandadas).
Las granjas marinas aportaron el último año cuarenta y cinco millones de toneladas. Su implantación se extiende en todo el mundo, con la excepción del África subsahariana.
Los países ricos son los de mayor demanda, lo que lleva a sus flotas a explotar los bancos de otros países menos desarrollados. Las importaciones del norte supusieron treinta y tres millones de toneladas, con la paradoja de que muchas veces las capturas provienen de países que tienen problemas para alimentar a su propia población. Sin embargo, para los países exportadores es un recurso indispensable: estas partidas proporcionan un beneficio neto de veinte mil millones de dólares, una cantidad superior a la de cualquier otro producto alimenticio.
El 30% de la pesca proviene de aguas continentales (ríos, lagos). Aunque sólo es una tercera parte del total, estas capturas son muy importantes, porque en muchos casos, se consiguen utilizando técnicas artesanales y tienen como fin el autoconsumo o el comercio a pequeña escala.
No obstante, esta fuente de proteínas está en peligro por las alteraciones en los cursos de los ríos (presas, canalizaciones), sobreexplotación y la contaminación de los cauces. Además, la introducción de especies invasoras empobrece la oferta. Las tres cuartas partes de los pescados de agua dulce proceden ya de granjas piscícolas. La proporción en el mar es mucho menor (alrededor del 13%).
Además, las granjas requieren una importante inversión de mantenimiento, y llevan consigo un considerable gasto energético porque hay que asegurar la ventilación y circulación del agua.
Fuente: EL PAÍS