BRUSELAS, Bélgica. El hombre más rápido de la Tierra, con una marca de 9.77 segundos en los cien metros planos, ha asegurado que puede rebajar esa marca en la primera reunión deportiva que se realizará en Bruselas. Su única dependencia es su relación personal con Dios, la única droga que consume, afirma él.
El velocista jamaicano dijo que siempre da lo mejor de él y siempre intenta superarse. La superación para él significa lograr un nuevo record del mundo.
El estadounidense Justin Gatlin era, junto a Powell, el plusmarquista mundial de velocidad con la citada marca de 9.77 segundos, pero tras dar positivo en un reciente control antidopaje el atleta norteamericano ha sido despojado de dicho record y Asafa Powell se ha quedado como el atleta más veloz de todos los tiempos.
Powell lamenta la sanción impuesta a Gatlin por su dopaje (ocho años de inhabilitación deportiva). También se refirió a la cantidad de rumores sobre dopaje que surgen ahora cada vez que un atleta de élite consigue nuevas cotas o récords.
Declara que la gente ahora habla de él y de muchos otros atletas, pero que esto no le afectará, porque él sabe mejor que nadie que está limpio. Concluye diciendo que la única dependencia que tiene y a la que recurre de manera reiterada es su relación personal con Dios. La frase con que resume todo esto es: “Dios es la droga que consumo”.
Powell es cristiano, y a menudo ofrece testimonio público de su fe en Jesús. Hijo de pastores, nació en una pequeña localidad jamaicana conocida con el nombre de Saint Catherine. Perdió un hermano en un tiroteo y otro a causa de una enfermedad. De él se dice que su mayor virtud es que siempre está feliz.
En una entrevista realizada en el diario El mundo en febrero de 2006, dijo: “Mis padres me educaron para ser humilde y para vivir una vida cristiana”. Ante la pregunta de si resulta difícil compaginar el Cristianismo con ser un deportista de alto nivel, contestó: “No, y de hecho, creo que gracias a que soy cristiano es fácil para mí ser un atleta del más alto nivel”. La respuesta a la pregunta obligada del periodista a por qué podía afirmar esto, fue: “Porque gracias a mi fe no caigo en muchas tentaciones que están ahí, como puede ocurrir a otros compañeros que no tienen profundas creencias religiosas. No importa cuán grande llegue a ser mi nombre, porque gracias a Dios yo seguiré siempre siendo el mismo Asafa Powell de siempre”.