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Vivir y respirar
         
 
 

Uno de los animales domésticos que figuran entre mis favoritos son los perros. Aparte de ser muy juguetones, me gustan por su capacidad para transmitir sus emociones y captar las de sus amos, entre otras muchas cualidades. El perro, como todo ser viviente, es un miembro más del reino animal. Sin ser experta en canes, me atrevería a decir que un perro está destinado a acompañarnos y alegrar nuestra vida (además de correr, saltar, hacer hoyos y ladrar a los extraños). De la misma manera, supongo que los saltamontes tienen como misión principal saltar entre las plantas. ¿Sin embargo, qué tiene que ver este insecto con los perros?
En días pasados me asombró en demasía una noticia sobre unos turistas australianos que visitaron el cañón del Sumidero en el Sureste de México para practicar el deporte llamado “salto base”, uno de los más peligrosos que existen. En ella se confirmaba la infortunada hazaña de uno de estos extranjeros que, al saltar al vacío en esta cañada selvática, había muerto instantáneamente al estrellarse contra una formación rocosa, pues su paracaídas no funcionó en el momento que se precisaba. Sin embargo, aún faltaba algo que me dejó mucho más impresionada que la primera noticia: al día siguiente escuché que para este hombre su lema en la vida era, precisamente, “Vivo y respiro para saltar”.
Aun cuando por razón de nuestra fisiología pertenecemos al reino animal, la vida del ser humano es infinitamente superior a la de cualquier ser vivo. Desde la diminuta bacteria unicelular, hasta los gigantescos mamíferos como la ballena azul, forman parte de la creación divina destinada a poblar nuestro medio ambiente. Sin embargo, la creación del ser humano fue totalmente concebida bajo otro esquema y propósitos distintos a los de los demás seres vivos.
De acuerdo al Libro de libros, el hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios. Entonces dijo Dios: hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza, y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la Tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la Tierra (Génesis 1:26). No somos, pues, producto de una mutación o evolución de millones de años; ni mucho menos de una “generación espontánea”.
Un saltamontes pudiera tener como propósito en su vida saltar; pero un ser que cuenta con una capacidad intelectual incomparable, y una conciencia y espíritu humanos que perduran por la eternidad, no puede (ni debe) depreciarse a un nivel tan inferior como el de un diminuto saltamontes, pues sería un tremendo desperdicio de talento. Las actividades que desempeñamos y preferimos pueden ser un medio, pero no un fin. Nuestro libre albedrío nos da la opción de hacer lo que nosotros decidamos, pero nuestro Creador nos busca y nos anhela, para tener comunión con Él a través de nuestro espíritu, para guiarnos y acompañarnos durante nuestros días en esta Tierra. Jesucristo vino y murió en la cruz para tender ese puente y darnos de su Santo Espíritu.
Jesucristo por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos (2 Corintios 5:15).
Ese vacío que existe en nuestros corazones al nacer sólo puede ser llenado por nuestro Padre celestial. Por más que volteemos a otro lado, que tratemos de llenar las veinticuatro horas del día con otros quehaceres, nuestra conciencia no encuentra derrotero seguro hasta reconocer al gran arquitecto de nuestra vida. Volvió Jesús a decirles: De cierto, de cierto os digo: Yo soy la puerta de las ovejas, todos los que antes de mí vinieron, ladrones son y salteadores, pero no los oyeron las ovejas. Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos (San Juan 10:7-9). Dejemos a un lado la rebeldía y busquemos hoy esa puerta de vida abundante y eterna que se nos brinda, para no extraviarnos por caminos de muerte. El mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre (1 Juan 2:17).

Esther Celada es escritora y maestra de idiomas. Actualmente estudia la licenciatura de Enseñanza de Idiomas en la Universidad Autónoma del Estado de Morelos. Asiste a la congregación Roca Eterna, en Cuernavaca, en donde sirve como edecán.
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