Qué tal mis campeones, ¿cómo están? En esta ocasión quiero tratar un tema muy importante; de hecho, este artículo es una partecita del capítulo de un libro que acabo de escribir. Quiero insistir sobre este tema porque, no cabe duda, sigue siendo importante entre los jóvenes de hoy.
Desde pequeño me enseñaron que masturbarse era malo. Mi madre nunca mencionó la palabra masturbación, y sólo nos decía que había cosas que no se debían hacer porque era malo, muy malo y muy ofensivo.
Ya en la adolescencia, entre los cuates, aprendí que eso malo, muy malo, se llamaba masturbación. Me da risa sólo de recordar los cuentos que los padres inventaban para asustarnos y asegurarse de que no nos arriesgáramos en este asunto.
Algunos decían que salían pelos en las manos, otros aseguraban que producía calvicie, y ciertos más comentaban que resultaba en debilidad o taradez.
Ahora ya aprendí que para inventar historias trágicas y espeluznantes no hay como los padres, que prefieren dar rienda suelta a la imaginación e inventar cosas para evitar hablar de estos temas con los hijos.
Yo fui uno de esos hijos; en la cabeza de mis padres no figuraba como opción hablar de ciertas cosas conmigo. Sin embargo, volviendo al punto, toda esa desinformación provocó que yo, como muchos otros, creciera con miedos y temores, pero sobre todo, con mucha ignorancia sobre el tema.
Con el tiempo, siendo líder de jóvenes, tuve la necesidad de buscar información sobre este punto, porque es un pecado recurrente en hombres y mujeres. No obstante, lo que encontré seguía sin ser muy claro. Algunos libros cristianos señalaban que la masturbación es pecado, pecado y más pecado. Otros escritos aseguraban que masturbarse no es malo, y que es un proceso natural del ser humano. Leí también a algunos autores cristianos que sugerían que los jóvenes debían masturbarse en lugar de fornicar; y, bueno, ¡eso me pareció peor!
Nunca me imaginé escribir sobre este tema, pero supongo que, al igual que yo, debe haber muchos chavos y adultos que necesitan resolver el asunto de la falta de información y poner a la luz de la Biblia la verdad sobre la masturbación.
Para esto, comenzaremos por definir qué es masturbación. La mejor definición que he encontrado es la siguiente: “Acto físico de estimular uno mismo sus órganos genitales para provocarse a sí mismo placer de tipo sexual”; es algo así como tener relaciones sexuales con uno mismo. Ahora, yo te preguntó: ¿será esto buena idea? ¿Corresponderá la autosexualidad al diseño divino?
El término masturbación no se encuentra en la Escritura ni como nombre, fenómeno o práctica. Esta es la razón por la que muchos aprovechan esta supuesta ausencia de enseñanza para interpretar lo que más les acomode. Quiero que sepas que hay una serie de pecados cuyos nombres no aparecen en la Biblia; no obstante, lo que sí aparece es la intención de Dios para evitar que por el efecto de realizar tal o cual acción se lastimen a ustedes mismos.
En 1 Corintios 6:20 leemos: Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios. Quiero que les quede claro que todo aquello que daña a sus cuerpos, sus almas o sus espíritus, y que no corresponde al diseño divino, definitivamente está fuera del deseo de Dios para sus vidas, y la masturbación entra en esta clasificación.
Sus cuerpos fueron creados por Dios contemplando este asunto del placer sexual. Dios no está peleado con que sus cuerpos experimenten placer y con que sean felices, sólo que Él sabe que les conviene que sea en el tiempo correcto, con la persona correcta y con todo el compromiso y responsabilidad que esto implica.
La masturbación es un acto de egoísmo, porque es sólo el hecho de producir placer sexual de una manera individual (y vuelvo a lo mismo: ese no fue el plan de Dios). La manera de Dios es que el hombre se una a su mujer y sean una sola carne, y esto sólo se da entre dos personas de sexos diferentes y nunca de una manera individual.
La masturbación no es más que una práctica de autosexualidad, y este no fue el plan de Dios. El cuerpo humano no fue diseñado para producirse placer a sí mismo.
No es fácil reproducir todo el capítulo de un libro en un artículo de periódico, pero lo que sí quiero decirles es que si andan metidos (o metidas) en masturbación, hay varias cosas que tienen que hacer.
• Primero, lo primero: arrepiéntanse. El primer paso para ser libres es reconocer que se está en pecado. Aunque la masturbación es un pecado frecuente, no por eso pueden brincar este paso.
• No vivan en condenación; la culpabilidad ata, el arrepentimiento libera. Sean libres y dejen de hacerlo.
• Eviten los momentos de ocio y pereza. Aunque no lo crean, el ocio, la soledad y la falta de ejercicio son los principales motores del hábito de la masturbación.
• Hagan ejercicio; eviten la vida sedentaria. Aunque el ritmo de vida actual es muy agitado, la mayor parte del tiempo se está estático, y eso no ayuda a que sus cuerpos libere la adrenalina diaria y la propia energía sexual. No digo que todo mundo tenga que entrar al gmnasio; pero caminen diario, salgan a correr, hagan abdominales, ¡muévanse, y muevan sus cuerpos! La modernidad ha llevado a ejercitar solamente los dedos en el teclado, en el celular, al hacer un clic, en las maquinitas. No hagan todo en carro; caminen un poco antes de abordar un vehículo; en lugar de elevador suban por las escaleras; necesitan cansarse y llegar a dormir no sólo con desgaste emocional o intelectual, sino también físico.
• Cuando venga la tentación sobre ustedes, cambien de lugar, busquen estar en un lugar concurrido y ocúpense en algo que involucre sus mentes, sus bocas y sus cuerpos. Busquen platicar con alguien.
• Cambien su manera de pensar. El deseo por masturbarse nace generalmente de una fuente de pornografía. La Biblia dice que renueven sus mentes, y yo les aconsejo que cuando tengan el deseo de masturbarse, en vez de sólo esforzarse, memoricen versículos de la Biblia.
Acepten y amen sus cuerpos, y no dejen de reconocer que desde que fueron creados, fueron sellado con la imagen y la semejanza de Dios. Sólo por eso sus cuerpos, y todo lo que ustedes son, deben ser tratados con respeto y honra (eso también los incluye a ustedes).
Octavio Herrera es contador público y líder de Jóvenes en Amistad de Puebla, A. C.
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